Coronavirus en América Latina: ¿La región enfrenta una segunda ola de contagios o la resaca interminable de la primera?

Mientras la segunda ola del coronavirus hace estragos en Europa, nos preguntamos cómo afectará a Latinoamérica en un momento en el que los vuelos internacionales vuelven a abrirse de manera franca o solapadamente, cuando las economías apenas comienzan a respirar y hay un agotamiento general hacia las medidas de cuarentena y distanciamiento.

Y el repunte de casos no es solo en Europa. Vemos países de América Latina que están sufriendo un nuevo auge. Algunos de ellos, de una manera tan repentina que el nuevo pico ya podría ser considerado, al menos en la opinión pública, como una  nueva ola del virus. Después que se había logrado bajar la curva con mucho esfuerzo y meses de severas políticas restrictivas, que impactaron seriamente la economía, los casos vuelven a aumentar de manera preocupante.Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de VenezuelaDespués que se había logrado bajar la curva con mucho esfuerzo y meses de severas políticas restrictivas, que impactaron seriamente la economía, los casos vuelven a aumentar de manera preocupante.

Dos de estos países son los más importantes de la región en cantidad de habitantes y en las cifras de decesos: Brasil y México.

Según datos del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, el pasado 6 de diciembre México volvía a traspasar el umbral de 600 muertes diarias, cuando el pico en agosto fue de 663. En octubre, el país latinoamericano había logrado bajar los decesos a una aproximado de 350 diarios. Ahora, su curva sufre una elevación tan considerable como la primera, que fue letal, y lo ubicó entre los primeros países del mundo en contagios y muertes. Podría acentuarse aún más, no lo sabemos.  

Brasil, que logró bajar sus números hacia mediados de noviembre a unas 380 muertes diarias, en diciembre está pasando los 550 decesos cada 24 horas, y la curva va en franco ascenso. Desde mayo hasta finales de agosto, el gigante suramericano padeció una larga meseta que produjo diariamente alrededor de 1.000 muertos diarios. Todavía no tiene un pico tan elevado como el primero, pero el aumento de casos continúa y no se sabe cómo afectará las fiestas decembrinas.

Al respecto, han sobrevenido dos interpretaciones. Algunos hablan de una nueva ola en la región, mientras otros, sin embargo, consideran que solo se trata de una larga meseta de la primera avanzada, debido a que nunca bajaron las cifras a un niveles suficientes como para considerar que el primer brote ya había pasado. 

Ya en septiembre, la doctora Margaret Harris, portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), había dicho que no tenía sentido «hablar de una segunda o tercera ola» porque se trataría más bien de «una gran ola», con sus altos y bajos.Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de VenezuelaHan sobrevenido dos interpretaciones. Algunos hablan de una nueva ola en la región, mientras otros, sin embargo, consideran que solo se trata de una larga meseta de la primera avanzada, debido a que nunca bajaron las cifras a un niveles suficientes como para considerar que el primer brote ya había pasado.

Pero además, el virus no se comporta de la misma manera en todos los lugares de la región. Hay países que parecen haber aplanado de manera definitiva la curva y no esperan una nueva ola.

Perú, uno de los más afectados, viene bajando los contagios de manera constante. De momento, ha aplanado su curva y tiene actualmente alrededor de 23 muertes diarias, poco en comparación con las 346 del pico que registró en agosto.

Algo similar a Ecuador, que llegó a tener 435 muertes en su peor día, y hoy no pasa de 15 decesos diarios.

Estos dos últimos países asombraron debido a la letalidad del virus; en el caso de Perú, llegó a ser el  segundo país del mundo, después de Bélgica. La situación en Ecuador sorprendió por los videos apocalípticos que rodaron por redes de enfermos cayendo en las calles y cadáveres incinerados, cuando la pandemia apenas comenzaba en Latinoamérica.

Igual Argentina parece estar aplanando la curva, luego de haber registrado un pico en octubre, en torno a las 400 muertes.

Colombia tiene otro comportamiento. Después de tener un pico de 315 muertes en agosto, parecía estar controlando la curva, pero esta se estabilizó sin bajar de manera definitiva, lo que mantiene una larga meseta de alrededor de 190 muertes diarias desde la mitad de septiembre hasta mediados de diciembre. Es decir, puede apreciarse una línea que ya no es tan alta pero deja de bajar y se prolonga en el tiempo. Pareciera que la curva se ha estabilizado y no da señales de que ceda.

Al norte de la región, en EE.UU., el registro superó las 3.770 muertes diarias el pasado 16 de diciembre. Después de que a comienzos de julio, según las cifras del IHME, había bajado a poco más de 500 fallecimientos por cada jornada. 

Así que, tanto desde Europa, que ya vive su segunda ola, como desde EE.UU., se potencian las amenazas de un rebrote para América Latina.

América Latina detrás

Durante varios meses del año América Latina fue considerada epicentro de la pandemia y las miradas se situaron sobre ella. Llegada la segunda ola del virus a Europa, la situación actual de la región pierde importancia en los medios internacionales.

La naturalización de la pandemia en el imaginario social latinoamericano trata de obviar preguntas como estas: ¿cómo afectará esta segunda ola a la región?, ¿ya la estamos viviendo o estamos saliendo definitivamente de la pandemia?Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de VenezuelaLa naturalización de la pandemia en el imaginario social latinoamericano trata de obviar preguntas como estas: ¿cómo afectará esta segunda ola a la región?, ¿ya la estamos viviendo o estamos saliendo definitivamente de la pandemia?

Todo ello cuando retornan las relaciones con familiares y allegados -que estaban prácticamente prohibidas por el distanciamiento-, la cuarentena se olvida, los vuelos aéreos se reinician y hasta el turismo vuelve. Todo con una fuerza tremenda que hace ver a diciembre como el mes en el que se va a recuperar el año, desde el entretenimiento hasta las finanzas.

En paralelo, los gobiernos europeos vuelven a aplicar medidas duras.

Entonces es muy probable que las conexiones empresariales, turísticas y políticas continúen abriéndose en el peor momento de Europa, lo que no tendría sentido sanitario, después de que los intercambios estuvieron cerrados por meses como junio y julio, cuando el virus no causaba tantos estragos.

La situación económica dificulta a América Latina volver a cerrar sus puertas y su actividad productiva, menos después del impacto que ha dejado la pandemia en el aumento de la pobreza y las carencias, y con mucha mayor desigualdad y exclusión. 

De la misma forma, mientras ya comienzan las vacunaciones en Europa y EE.UU., no se sabe cómo fluirá ese alivio para América Latina. Lo que sí es una certeza es que hasta dentro de muchos meses habrá una población vulnerable a la cual no está previsto que llegue una vacunación.

En ese panorama, es posible que lo peor aun no haya llegado para una región acostumbrada a ser la última de la fila.

Ojalá no sea así.

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